2011.- Fiesta homenaje a los profesores: Virginia Bustos, Ignacio Aguilar,José Luis de Dios, Manuel Cantero, Manuel Fernández y Jesús Padilla.

3 julio 2011

Para ver más fotos, pinchar aquí: Jubilaciones 2011

El día 29 de junio del presente año se celebró la fiesta en homenaje de los profesores del I.E.S. Blas Infante que al finalizar el actual curso académico se pre-jubilarán (Jubilación L.O.E.): Ignacio Aguilar Aguayo (Ciencias Naturales), que estuvo acompañado de su esposa Encarnita Alejandre Durán; Virginia Bustos López (Educación Física), acompañada de su marido Alejandro Ruíz Navarro; José Luis de Dios Barrón (Educación Física), acompañado de su mujer, Ángela Ruíz Villa; Manuel Cantero Lama (Lengua y Literatura Española), acompañado de su consorte María José Ortiz de Andrés; Manuel Fernández Romero (Lengua Francesa), acompañado de su cónyuge Elvira de Almudena Pastor y Jesús Padilla González (Geografía e Historia) acompañado de su esposa María José Alcaide López.

 Todos ellos recibieron el cálido y emotivo homenaje de sus compañeros y amigos en un entrañable acto celebrado en Los Jardines del Naranjo. La fiesta comenzó a las 14:30 h. ofreciéndose una copa de vino de recepción, continuó con un exquisito almuerzo al término del cual se ofreció el homenaje a los amigos que culminaban su fecunda vida docente y emprendían una nueva vida llena de esperanza e ilusión y concluyó con baile en las bodegas del restaurante.

 Los homenajeados expresaron su profundo agradecimiento a los compañeros con palabras llenas de afecto y nostalgia, y manifestando que llevarían siempre indeleblemente impresos en sus corazones los gratos recuerdos de los años vividos en el IES Blas Infante.

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2011.- ¡Hasta siempre…!

3 julio 2011

El 22 de junio de 2011,  quedará siempre marcado en mi memoria por haber sido el día en el que impartí  mi  última clase de historia y vida; una clase que para mí fue muy emotiva y entrañable. Aunque ese día algunos alumnos no asistieron a ella, pues era el último día del curso y decidieron  adelantar sus vacaciones, para mi todos estuvieron presentes en mi retina y en mis sentimientos.


2011. Celebración de San Isidoro. El origen de estas fiestas.

26 mayo 2011

Para ver más fotos pinchar aquí: San Isidoro

 El pasado día 19 de mayo conmemoramos la festividad de San Isidoro de Sevilla, patrono de los Departamentos lingüísticos y afines. Con ello cerramos el ciclo anual de encuentros trimestrales festivos del profesorado del IES Blas Infante: San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino  y San Isidoro de Sevilla, pues nuestro Centro que es laico, como buen centro laico, celebra tres santidades.

 Estos encuentros hoy se han convertido en una tradición asumida por todos y forma parte de nuestro ciclo académico más allá de los programas y planes de estudio oficiales y “oficiosos” que en él se imparten; pero ¿se conoce su origen y su significado originario….?

 Pues bien, a apunto de convertirme en un “histórico”, que es lo que siempre he soñado, me voy a permitir el lujo de contar, de primera mano, su origen:

Corrían los vientos del inicio del Curso 1992-93 -año de la Olimpiada de Barcelona y de la Expo de Sevilla y curso en el que por primera vez asumí la Dirección de nuestro Centro; pues bien, al hacerme cargo de él, asumir como una prioridad de mi gestión el intentar mejorar las relaciones humanas entre los componentes del Claustro de profesores, limar las aristas y asperezas que en él existían pues la convivencia entre los componentes de la Comunidad del antiguo I.B. Blas Infante, verdaderamente dejaba mucho que desear, y, benévolamente, podría calificarse de francamente mala, con situaciones que muchas veces rayaban en lo kafkiano y, la mayoría de las veces, en lo ridículo.

 José Manuel Puentedura, profesor de Física y Química, años atrás, me había contado que en un Instituto que él había estado tenían la costumbres de celebrar trimestralmente una comida entre el profesorado; pues bien, tomando esa idea pensé que la introducción de una medida similar en el nuestro podía contribuir a hacerlo más habitable, pero ¿cómo lograrlo si la mitad del claustro no se hablaba con la otra mitad y ambas mitades no se aguantaba ni a ellos mismos…?

Ese año, nuestra ínclita y benefactora Administración, en su vorágine modernizadora -¡oh tiempos, oh costumbres…! diría Cicerón-  había tenido la brillante y luminosa idea de suprimir la celebración de todos los santo patronos: San José de Calasancio (EGB), Santo Tomás de Aquino (IB), San Juan Bosco (Profesional) etc. unificando todas las celebraciones en una sola fiesta denominada ostentosa y pomposamente: Día de la Educación. Esta medida sentó muy mal en determinados estamentos docentes, muy especialmente en el Cuerpo de Enseñanza Secundaria. Era un paso más a la consecución del Cuerpo Único Docente, decían los apologetas de esta medida modernizadora.

Pues bien, en este ambiente de descontento, que lo era por otros muchos motivos que no viene al caso narrar, pensé que, tal vez, podría llevar a cabo la celebración de las comidas trimestrales vinculándolo a la celebración de la festividad de un patrono, de esos que se pretendía extinguir: El día de San Alberto Magno, que el profesor Laureano Pérez Cacho, Jefe del Seminario de Ciencias, siempre celebraba invitando al resto de los profesores a tomar un café, sería a partir de entonces el patrono de los departamento científicos y afines, lo que justificaría una primera comida de hermandad en el primer trimestre; Santo Tomás de Aquino, en el segundo, lo sería de los seminarios de Historia, Filosofía, etc.;  pero ¿y para el tercer trimestre…?

He de confesar que –teniéndolo ante nuestras narices- no fue fácil encontrar en el santoral el ¡eureca! de nuestro difícil dilema: Un santo para el área lingüística que se celebrase en el tercer trimestre. La alegría fue enorme cuando caímos en San Isidoro de Sevilla que, por aquello de que había escrito Las Etimologías y su onomástica se celebraba en el tercer trimestre, era el más adecuado para patrocinar a los lingüistas.

 En suma, que si la Administración no quería un celebración canóniga, el Blas Infante tendría tres. Así pues, procedimos, en primer lugar, a dividir los Departamentos entre las tres santidades a fin de que hubiera homogeneidad y, en segundo, lo que era más difícil, a hacer que la idea fuera bien acogida entre los compañeros.

 Como proponer este proyecto desde la Dirección del Centro podría provocar en el claustro rechazo pensé que era mejor que esto fuera una iniciativa que saliera del propio profesorado, por lo que traté el asunto con José Manuel Puentedura, con Virgilio Martín (profesor de Latín) y con Dionisio Ortiz (profesor de Matemáticas) para que fueran ellos los que tomaran la idea y la llevara a cabo, lo que así hicieron con gran éxito.

Como el responsable del Bar por aquellos tiempos era una persona con unas capacidades muy limitadas y a lo más que llegaba era a poner café, servir una cerveza y vender chucherías, organizamos las primeras comidas de la siguiente manera: Cada profesor traería de su casa un plato especial y un postre, el reposero ponía la cerveza y el café y alguien del los departamentos que organizaban el ágape, se encargaba el traer vino y los gastos de las bebidas se pagaban entre los profesores que invitaban. Los manjares que se traían se ponían a degustación de todos por lo que se produjo una sana rivalidad en destacar trayendo delicatesen cada vez más elaboradas y exóticas. Fueron estos primeros encuentros culinarios sorprendentes por la gran variedad y calidad de las comidas que se traían.

 Pero el traerlas de casa ofrecía algunos problemas por lo que se buscó la comodidad de buscar a alguien que se le encargase de hacerla y su gasto se prorrateaban entre los profesores que invitaban: Así, en primer lugar, se encomendaron las comidas al repostero del bar de la parroquia de Fátima; y, posteriormente, descubrimos a Eduardo que tenía un bar frente al Instituto.

 En estas ocasiones los departamentos afectados se reunían previamente y acordaban el menú y la cantidad a aportar por cada uno de sus miembros, siempre pretendiendo sorprender y superar a los compañeros que les habían precedido. Este procedimiento era mucho más cómodo, pero generó un nuevo  problema: el número de miembros de los departamentos que componían cada festividad, no era homogéneo y, por consiguiente, el costo del  banquete de cada festividad variaba de una festividad a otra, haciéndose para unos más onerosos que para otros, por lo que hace tres años se determinó fija una cantidad a principio de cursos, que recogería y gestionaría el Secretario, la misma para todos, y con ella pagar al repostero las tres comidas del año. Este procedimiento tiene la ventaja de la comodidad y de la igualdad económica, pero ha hecho perder el encanto de las reuniones previas preparatorias de la festividad y el de sentirse partícipe de la efemérides y no un ser un mero usuario y espectador de algo que otros organizan.

 Y esa es la historia de esta peculiar tradición del I.E.S. Blas Infante. Si con ella se ha contribuido o contribuye al fin para el que se propuso no seré yo quien lo valore, pero el que se siga manteniendo después de tantos años, habla mucho a su favor.


2011. Cuarenta años de docencia.

10 enero 2011

Aunque desde primeros de septiembre de 1970 venía trabajado como maestro de Enseñanza Primaria en el colegio privado “San Rafael Arcángel” de la barriada de Levante de Córdoba, no será hasta el 11 de enero de 1971 cuando ingrese en el Cuerpo Nacional de Magisterio tomando posesión de mi plaza como Maestro Propietario provisional en la C. N. “Califato de Córdoba”.

Con posterioridad, pasé al Patronato “San Francisco de Sales” (Salesianos), donde ejercí en el Curso académico 1971-72; de este centro me trasladé al C. N. “Condesa de las Quemadas”, donde apenas estuve un mes por mi incorporación al Servicio Militar, durante el cuál conseguí destino definitivo el 1 de septiembre de 1973 en el  C. N. “Ramón y Cajal”, de El Carpio.

Como quiera que al incorporarme a mi plaza en enero de 1974, tras concluir la mili, al profesor interino que había ocupado mi plaza en El Carpio, se le dio una sustitución en el C. N. “Juan de Mena” (meses de enero y febrero) y, con posterioridad hasta final de curso, otra en el colegio del Patronato Parroquial de “San Lorenzo”, ambos en Córdoba, viviendo él en El Carpio, a fin de evitar perjuicios a los alumnos que había tenido durante el curso y de que yo fuera a esta población y él viniera a Córdoba, conseguimos de la Inspección una permuta, por lo que  en este tiempo realicé mi labor docente en los colegios mencionados, de los que guardo gratísimos recuerdos.

En el “Ramón y Cajal” trabajé -¡qué buenos recuerdos…!-, hasta mi ingreso en el Cuerpo de Profesores Agregados de Bachillerato, lo que sucedió el 1 de octubre de 1978. Fui destinado al I. B. de Fuengirola lugar en el que ejercí durante el Curso 1978-1979. Con posterioridad pasé al  I. B. “Francisco de los Ríos”, de Fernán Núñez desde el que pedí traslado a la capital, consiguiéndolo en el Concurso General con plaza en el  I. B. “Blas Infante” el 1 octubre de 1980; Instituto, en el que pasados más de 30 años de docencia, continúo ejerciendo, aunque desde el 15 de marzo de 1994 como Catedrático.

Hoy en el LXº Aniversario de mi ingreso en la función pública docente, recordando tantos años y vicisitudes vividas desde aquel 11 de enero de 1971, he de confesar que me siento lleno de orgullo y satisfacción no sólo por poderlo contar, sino por poder afirmar que durante este tiempo he ejercido una profesión hermosa en la que me siento plenamente realizado.


2003. Presentación de la primera página web del Instituto

1 diciembre 2010

Con motivo de los actos del XXVº Aniversario del I.E.S. Blas Infante, en abril de 2003, se presentó la primera página web realizada en nuestro Centro, confeccionada -y ahí está el mérito-, por uno de nuestros alumnos, Antonio Jesús Ruiz Cecilia, que aparece en la fotografía mostrando orgulloso su trabajo al profesorado.


1978. I.N.B.de Fuengirola (Málaga)

30 junio 2010

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Aunque venía ejerciendo desde el 11 de enero de 1971 como maestro nacional de Enseñanza Primaria (que era como entonces se denominaba el noble oficio que ejercía), en 1978 me presenté al Concurso de Oposición Libre al Cuerpo de Profesores Agregados de Bachillerato, obteniendo la plaza con carácter provisional el 15 de octubre en el I.N.B de Fuengirola (Málaga), de la que tome posesión el 1 de noviembre de dicho año. En este Instituto estuve destinado hasta el 30 de septiembre de 1979, fecha a partir de la cual en el que me dieron la plaza definitiva  en el I.N.B. “Francisco de los Ríos” de Fernán Núñez (Córdoba).

De mi estancia en Fuengirola guardo magníficos y gratos recuerdos y fue para mí y mi familia, uno de los años más dichosos de nuestras vidas; pero, aunque conservo numerosas fotografías de carácter familiar, no tengo fotos de los alumnos a los que les dí clase ni de mis compañero de claustro, lo que ahora lamento; por ello sólo puedo poner en este blog una instantánea que conservo del Centro y otra que me hice con mi hijo Jesús Jorge dentro de él.


1972. Sirviendo a la Patria: no es tan fiero el león como lo pintan.

22 junio 2010

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En la historia de mi actividad docente (ya ejercía como maestro nacional con destino provisional en el Colegio Nacional Condesa de las Quemadas de Córdoba), el Servicio Militar ha sido, para lo bueno o para lo malo, un hito importante en ella pues, si bien interrumpió mi vida normal, no por ello dejé de ejercer mi actividad educadora. El día 15 de Octubre de 1972 me incorporé al C.I.R  número 5, con base en el Cerro Muriano (Córdoba), donde hice el periodo de instrucción, jurando bandera el 17 de diciembre (las fotografías que presento son de esta época); el 1 de enero de 1973 me incorporé al Grupo Ligero de Caballería II, ubicado en el Cuartel de Artillería de Córdoba, donde fui licenciado el 15 de enero de 1974, tras un año y tres meses de mili (¡Qué larga se me hizo…!). Aunque mi cargo llegó a ser el de “cabo 1º de lanzagranadas”, la función que realicé, a lo largo de toda la mili, fue la de maestro en las Academias de alfabetización de los cuarteles, tanto en el CIR 5, como en el Escuadrón de Caballería II. Nunca pensé que en la España de los años 70 pudiera haber tanto analfabetismo, como el que pude comprobar que existía cuando hice el servicio militar: ¡La cantidad de jóvenes que, no solo no tenían el Graduado Escolar, sino que no sabían leer y escribir…!

Por mis actividades docentes realizadas durante este periodo -es lo único que saqué-,  la Delegación me concedió 1’204 puntos válidos para el Concurso General de Traslado; punto que utilicé para entrar en el I.E.S. Blas Infante